miércoles, 17 de agosto de 2022

Discapacidad: Está dada fundamentalmente en relación al contexto

 


Discapacidad es un término relativamente nuevo en nuestro ámbito. Hace menos de medio siglo estas situaciones eran referidas de otras maneras, que actualmente (con lógica) nos suenan bastante despectivas. “Idiotez”, “imbecilidad” y “debilidad” mental, eran términos comúnmente usados otrora (Lentini, 2007), fuertemente relacionados a la noción de edad mental, la cual aún tiene fuerte presencia en ámbitos profesionales, sobre todo en algunas herramientas psicométricas.


Los paradigmas sobre discapacidad han ido modificándose a lo largo de la historia. Desde finales del siglo XX conviven el modelo médico (precedido por el modelo segregacionista) y el modelo social. El modelo médico, hijo de los avances del Renacimiento y la Revolución Francesa, logró avances históricamente válidos en los siglos precedentes, que permitieron generar mayores niveles de precisión sobre algunas características de las diferentes condiciones de salud. En el modelo médico incidieron sensiblemente las situaciones de los excombatientes (por ejemplo de la Primera Guerra Mundial), a quienes los Estados debían reparar, ya que ellos habían dado la vida por sus patrias.  


El modelo social, en tanto, emergió más recientemente, centrado en el contexto y no en el déficit exclusivamente. Se consideran las dificultades específicas de la persona, pero también se contemplan especialmente las barreras, el entorno y el origen social, desde una perspectiva de derechos. Podríamos decir que el modelo médico guarda relación con los Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders (manuales DSM). Por otra parte, con el modelo social dialoga de mejor manera la Clasificación Internacional del Funcionamiento, de la Discapacidad y la Salud (CIF), de la Organización Mundial de la Salud (OMS).


Actualmente se habla simultáneamente de personas con discapacidad y/o de personas en situación de discapacidad, enfatizando lo coyuntural y los factores contextuales, las barreras. En ese sentido hay barreras físicas, actitudinales, de comunicación y de acceso a la información.


La noción de discapacidad que plantea la CIF (2001), en línea con el modelo social, propone un enfoque biopsicosocial y ecológico (Bronfenbrenner, 1992), con el cual se superaría una mirada netamente “biomédica”. Desde esta clasificación, la discapacidad englobaría a las deficiencias, las limitaciones en la actividad y las restricciones en la participación. Las deficiencias se entienden como problemas en las funciones o estructuras corporales, tales como una desviación significativa o una pérdida. Las limitaciones en la actividad hacen referencia a los problemas que una persona puede tener en el desempeño o realización de determinadas actividades. Las actividades se conciben como la realización de una tarea o acción por parte de un individuo. Por último, las restricciones en la participación aluden a los problemas que una persona puede experimentar al involucrarse en situaciones vitales.


Las dimensiones mencionadas líneas atrás, tienen a los factores contextuales como elementos de trasfondo. Puede entenderse que la discapacidad va a ser pensada desde este paradigma con relación a las limitaciones en la actividad y las restricciones en la participación que tenga una persona con una determinada deficiencia. Es decir, la discapacidad va a estar dada fundamentalmente en relación al contexto, a los factores sociales y se la podría asociar al resultado negativo de la interacción de la persona con su entorno y las barreras del mismo. Esto es sintetizado claramente por Palacios:


La deficiencia —o diversidad funcional— sería esa característica de la persona consistente en un órgano, una función o un mecanismo del cuerpo o de la mente que no funciona, o que no funciona de igual manera que en la mayoría de las personas. En cambio, la discapacidad estaría compuesta por los factores sociales que restringen, limitan o impiden a las personas con diversidad funcional, vivir una vida en sociedad. Esta distinción permitió la construcción de un modelo que fue denominado «social» o «de barreras sociales» de discapacidad. De este modo, si en el modelo rehabilitador la discapacidad es atribuida a una patología individual, en el modelo social se interpreta como el resultado de las barreras sociales y de las relaciones de poder, más que de un destino biológico ineludible. (Palacios, 2008, p.123).

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